RETROSPECTIVA: reformulando el proceso de investigación…

NOTAS DE LA REVISIÓN DE LA INVESTIGACIÓN


  • Revisar de algunos materiales propuesto ( Crisis de presencia y Dangerous Dance)
  • Comentarios:
    • Crisis de presencia.
    • El paraíso está en el cinco. El cinco como una lugar que se sostiene entre lo suficiente y lo insuficiente (espacio de potencia). ¿Cómo desplegarnos desde ahí? ¿Cómo ampliar el sentido del cinco sin construir una verticalidad (significado)? Nociones de frontera, [in]suficiencia, entre, sentido y hacer.
    • El sacerdote y los dispositivos de dominación.
    • Dangerous Dance:
      • Noción de objetos reveldes.
      • Paralelismo entre dounger y dance ( peligro y danza como agitar/temblar)
      • Sobre la trayectoria.
        • Noción de Bailen: tirar para darle.
        • Impacto ( tirar y golpe)
        • Una trayectoria con el propósito de golpear algo, frente a una trayectoria sin propósito de golpear.
  • Espaciar el tiempo (abordar el tiempo como un espacio):
  • Crear un lenguaje común: Nombrar los cuerpos para volver a ello.

  • Compartir, comentar y contrastar los manifiestos.

  • Desplegar y analizar las figuras de la investigación entendiéndolas como paradigmas o dispositivos de experiencia. 
    • Entenderlas como paradigmas corporales.
    • Desarrollar preguntas/problemas a partir de ellas.
    • ¿Cómo identificar estas figuras en un tiempo o en un espacio determinado?
  • VER ENTRADA: FIGURAS DE LA INVESTIGACIÓN

  • Seleccionar las prácticas y los materiales que reviste mayor interés y proponer desarrollos. 

PREGUNTAS: ¿Cómo arrojar el cuerpo a la disidencia/potencia? ¿Cómo [des]identificarnos de la imagen (aquello que producimos)?; ¿Cómo vaciar/soltar la imagen?; ¿Cómo desplazar el punto de vista respecto a lo que somos/hacemos en escena? ¿Cómo ponernos al servicio de un hacer que produzca nada? ; ¿Cómo crear experiencias, espacios y cuerpos en constante [des]identificación? ¿Cómo experimientar el cuerpo como un aparato ingobernable? ¿Cómo interrumpir el sentido del mundo para abrir espacios en blanco(potencias insospechadas)? ¿Cómo deformar, silenciar o romper el vínculo? Cómo liberar la percepción? ¿Cómo sería un hacer anónimo? ¿Cómo sostenernos en el no-saber? ¿Cómo no futurizar y luchar contra la conciencia? ¿Qué tipo de presencia estamos trabajando? ¿Porque cuando decimos “trabajo” cambia el tono de nuestro cuerpo? ¿Por que necesitamos empezar? ¿Podríamos empezar en cualquier parte? ¿Cómo se nos predispone para el trabajo, para la producción de significados/obras/movimientos? ¿Cómo abrir un tiempo desobrado, un espacio sin obra? ¿Es necesario tanto para hacer/producir? ¿Es posible hacer sin un rito inaugural, sin una acción constitutiva del hacer productivo? ¿Cómo atravesar la impotencia? ¿Cómo sostener[nos] en crisis sin caer en la parálisis y el bloqueo? ¿Cómo abordar el problema de limpiar(nos)/vaciar(nos)? ¿Cómo vaciarnos de la historia/memoria? ¿Cómo romper con la inercia? ¿Cómo deshubicar lo que nuestro cuerpo sabe? ¿Cómo generar un diálogo de todo y a la vez? ¿Qué pasa cuando el juego toca lo real? ¿Cómo encontrar la libertad en las estructuras de dominación?

PRÁCTICAS: Práctica de la decisión, práctica de la descripción, prácticas de trayectoria , práctica de desplazamiento, práctica de estar juntos (laboratorio_ lo inconfesable).

  • Activar prácticas de observación, prácticas de reachment, prácticas de composición en tiempo real, prácticas de diagramación.
  • Continuar prácticas de escritura ( listas, manifiesto, diario, ensayos,etc. ) y de oralidad (órdenes, descripción, etc.)
  • Profundizar en el trabajo con la temporalidad desde una prespectiva perceptiva: la subjetividad es la temporalidad misma.
      • Trabajar con la dilatación/elongación del tiempo (tiempos muertos, tiempos excesivos), la suspensión del tiempo (por medio de la repetición/trance y de la creación de ciclos) y la síntesis del tiempo (por medio del apunte, la velocidad etc.).
      • Profundizar en los TIEMPOS ENTRE: el intervalo del tiempo de enunciación (lo dicho) y el tiempo de la acción (lo hecho), por ejemplo.
  • Ver El ser y el tiempo de Heidegger.

CONCEPTOS: presencia, potencia (espacios de potencia para la práctica, y para la mirada), disidencia y trayectoria, poder y estructuras de dominación, no-saber, indeterminación, indistinción, excepción, productividad y rendimiento, (desjerarquizar), entre/ intervalo.

CONCEPTOS – HERRAMIENTA: 

ENTRENAMIENTO ( PRE- ACTUAR/ ANTES Y DESPUES DE LA OBRA)

  • Nos planteamos colectivamente cómo prepáranos para la sesión, cómo abordar el calentamiento: ¿Qué nos queremos dar? ¿Qué cuerpo queremos hacer vivir y en función de que valores?
  • Nos interesa un calentamiento que nos ponga en práctica, que nos entienda como seres que piensa un problema/experiencia. (LA PRÁCTICA)
  • Nos interesa que el calentamiento abra la percepción del cuerpo -el pliegue- y el mundo al mismo tiempo.(ABRIR LA PERCEPCIÓN)
  • Nos interesa poder experimentar en el calentamiento: partir de unas herramientas básicas y poder experimentarlas: el peso, la articulación, la mirada, etc. (LA EXPERIMENTACIÓN)
  • Nos interesa estar juntos. Desplazamos la figura del director a la del facilitador. (FACILITARNOS, NO DIRIGIRNOS)
  • Nos interesa abrir espacios (MÓDULOS) que propongan prácticas más específicas en función de los caminos de la investigación: manipulación, tacto, contacto, toque, mirada, etc. En cualquier caso, nos interesa que esas propuestas se expongan previamente al calentamiento para trabajarlas en continuidad (aunque podemos entrar y salir). (AUTONOMÍA DE GRUPO)


  • Revisar y problematizar la metodología de trabajo.
    • ¿Cómo hemos hecho las cosas hasta ahora y cómo las podemos hacer en el futuro? ¿ Qué ha funcionado? ¿Qué no ha funcionado? ¿Cómo valoramos la experiencia en curso?, ¿Cómo nos organizamos para seguir? etc.
    • Tal vez sería interesante dividir las sesiones por bloques (cuerpo, imagen y mirada). Dedicar algunas sesiones al tema de la imagen y otras a la mirada, o desplegarlas simultáneamente. Poner acentos para organizar las prácticas.
    • 18 SESIONES ( 8 CUERPO, 4 MIRADA, 6 IMAGEN, por ejemplo)

  • Empezar a determinar los intereses estéticos de la propuesta.
    • Desplegar imaginarios sobre los que trabajar.
    • Convocar los cuerpos, espacios y los tiempos con los que queremos trabajar a través de referentes.

Una primera aproximación:

  • ESTADOS DE LA POTENCIA ( extasis, catarsis, praxis_ abrir espacios en blanco) ESTADOS DE LA IMPOTENCIA ( agotamiento, crisis, neurosis, depresión, etc) y tránsitos.
    • Estados de excepción (suspensión del orden, aenouk mik), estados de movilización ( organizacion de tiempos y espacios), estados de suspensión ( trance temporal y espacial), estados de crisis ( desbordamiento del sujeto, desbordamiento del espacio y el tiempo), estados improductivos ( cancelación del sentido de la obra, procesuales), estados de trance ( suspensión de la cognición), estados de colapso (saturación de sentidos, tiempos y espacios)estados inoperantes ( tiempos y espacios sin obra), estados de tránsito ( transformación continua, devenir), estados inconfesables ( condiciones tácitas o implícitas), estados de la materia ( estados físicos), estados de catástrofe, estados de aniquilación, estados de destrucción ( arte destructivo), estados de indeterminación o indistinción.
    • ESTOS ESTADOS SE PUEDEN COMPONER EN FUNCIÓN DE LA PRESENCIA ( estado actúal, efectivo), LA LATENCIA ( estado implícito, tácito: devenir) y LA AUSENCIA (estado virtual, la negación) y sus tránsitos.
  • Detectar espacios y tiempos de referencia que tengan un valor especial para nosotras.
  • Concretarlos y definirlos con imágenes que nos remitan a esos imaginarios: activar imágenes y pensar su supervivencia.

  • Empezar a determinar materiales que nos permitan pensar/experimentar los problemas que queremos abordar.
    • Incorporar la plástica y los materiales al trabajo.
    • Plantearnos problemas sobre los materiales y abordarlos mediante prácticas.

Encuentro #01: Primeros movimientos…

MATERIALES PARA LA REACCIÓN


 Los materiales están divididos en cuatro bloques: imágenes, preguntas, textos y videos. La propuesta consiste en reaccionar ante los materiales -alguna de sus partes, un fragmento, o la totalidad-: ¿Cómo os toca/afectan/estimulan en relación a la disidencia? ; ¿Qué es la disidencia para nosotras -en nuestras prácticas estéticas o cootidianas-? ;¿Cómo sería ensayar movimiento disidente, una acción disidente, una estética o un cuerpo disidente? ¿En relación a qué entendemos nuestras disidencias?

El campo de reacción es tan amplio como podaís imaginar: una acción performativa, una play-list, un ejercicio o práctica, un baile, una serie de imágenes, un fragmento de una película, una canción, una creación propia, etc. Se trata, en cualquier caso, de presentarnos al grupo desde una posición consciente que dibuje nuestras disidencias -esas que prácticamos, que perseguimos o anhelamos-, y desplazar el ámbito de la reflexión hacia lo sensible: ¿Cómo materializar nuestra disidencia?

Para  ello podemos entender los materiales -las imágenes, textos y videos propuestos- como desencadenantes de tensiones, y trabajar a partir de lo que más nos estimule.


IMÁGENES

GIF-ARROJAR


 PREGUNTAS

¿Cómo arrojar el cuerpo a la disidencia? ; ¿Cómo crear un movimiento disidente?; ¿En relación a qué construimos nuestras disidencias?;  ¿Qué puede un cuerpo -en disidencia-? ; ¿Cómo salir de nuestro cuerpo? ; ¿Cómo [des]identificarnos de la imagen (aquello que producimos)?; ¿Cómo vaciar/soltar la imagen?; ¿Cómo desplazar el punto de vista respecto a lo que somos/hacemos en escena? ¿Cómo entender el cuerpo como un aparato ingobernable? ¿Cómo ponernos al servicio de un hacer que produzca nada? ; ¿Cómo crear experiencias, espacios y cuerpos en constante [des]identificación? ; ¿Cómo trabajar el cuerpo como una superficie de adscripción somatopolítica?; ¿Cómo interrumpir/desplazar la producción de sentido? ; ¿Cómo hacer sin finalidad?; ¿Cómo ponernos al servicio de lo que pasa (desidentificarnos del deseo)? ; ¿Cómo experimientar el cuerpo como un aparato ingobernable?


TEXTOS

Se trata de tres lecturas cortas. El cuerpo utópico nos plantea el escenario del cuerpo en sus límites y desbordamientos, en sus dimensiones múltiples y encontradas: el cuerpo como epicentro de la existencia. El cuadriletero nos ofrece una brevísima genealogía de las representaciones del cuerpo en el campo social y estético. Puede ser útil para plantar la noción de cuerpo como campo de batalla: el cuerpo como el lugar de la política. El tercer texto –¡Yo objeto!– es más largo y algo más teórico. Nos sitúa en el horizonte de los movimientos feministas paraplantear las bases de un pensamiento y una práctica crítica de resistencia al poder.


VIDEOPLAYLIST

  • ¿QUÉ PUEDE UN CUERPO? / CINCO MOVIMIENTOS…




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  • EPÍLOGO: CREACIÓN Y RESISTENCIA

 NOTAS SOBRE LAS REACCIONES A LOS MATERIALES PROPUESTOS

  • La disidencia como forma (Atentados contra la forma estandarizada/hegemónica)
    • Emborronar, dislocar y deformar un cuerpo. (Louise Bourgeoise)
    • Contra la figura contra la figura / Disidencia y presencia / ( R. y M. Castelucci)
    • La disidencia como un desacuerdo entre cuerpo/mente.
  • La relación entre la normatividad y la disidencia.
    • La cuestión del género y la sexualidad. (Fake orgasm)
    • Las estéticas dominantes vs las estéticas emergentes.
    • La corporalidad dominante: ¿Cómo identificar el cuerpo hegemónico?
    • Los movimientos estandarizados: la cuestión de la tendencia.
  • La relación entre creación y resistencia.
    • El arte como forma de resistencia.
    • La condición efímera como disidencia.
  • La disidencia y el cuerpo. ( Jeanine Durning)
    • La disidencia y la carne: Encarnar la disidencia.
    • La historicidad del cuerpo. Herencia y normatividad. Las tecnologías de cuerpo.
    • Destecnologizar, desaprender, desprenderse… de la dominación somatopolítica.
    • ¿Qué cuerpos nos permitimos? ¿Cómo te despegas de las tecnologías que te conforman como cuerpo?
  • Cuerpo y política
    • Lo político como el espacio entre las cosas, los cuerpos (espacio ralacional)
    • Lo político como “entre”, intervalo.
    • El cuerpo como espacio político.
    • Lo político y la situación/contexto que lo significa. (el campo de relaciones/tensiones).
  • Las dimensiones del gesto disidente. (Chico bailando- ¿Cómo crear un movimiento?)
    • Dimensión personal/individual.
    • Dimensión colectiva. Replicabilidad.
  • Valores dominantes y disidencia.
    • La ética finalista/resultadista.
      • Lanzarse en algo sin proyectar nada.
      • Suspender la idea de futuro.

PARKOUR: UN PENSAMIENTO DEL MOVIMIENTO

“En resumidas cuentas, los espacios se han multiplicado, fragmentado y diversificado. Los hay de todos los tamaños y especies, para todos los usos y para todas las funciones. Vivir es pasar de un espacio a otro haciendo lo posible para no golpearse”  George Perec en Especies de espacio

El parkour, también conocido como el arte del desplazamiento, es una práctica que consiste en desplazarse en entornos urbanos usando el propio cuerpo como herramientas para recorrer el espacio de forma fluida y eficiente. Parkour proviene del francés parcour, recorrido. Sus practicantes son llamados traceurs, trazadores.

Los orígenes de esta práctica se remontan a finales de los ochenta, en Lisses, una pequeña localidad del extrarradio parisiense cuando un grupo de jóvenes toman las bases del Método Natural de George Hébert para transformarlo en un juego urbano. Este método era usado por Raymond Belle -padre de uno de los precursores del Parkour, David Belle- como método de adiestramiento de soldados en Vietnam.

Huérfanos de la escena

Lejos del campo de batalla, como decíamos, un grupo de jóvenes toma las bases del Método Natural de George Hérbert como base para sus juegos. En ese primer gesto institutivo ya podemos detectar parte del problema que queremos desplegar: ¿Porque un grupo de jóvenes toma el Método Natural como base para sus juegos? No es una pregunta banal pero antes convendría hacerse otra pregunta: ¿A qué juegan esos jóvenes? ¿A soldados? No creo, pero en cualquier caso hacen lo que todos hemos hecho para quemar energía: correr. Supongamos eso. En sus juegos necesitan correr o escapar unos de otros. ¿Qué problema tienen, pues, esos jóvenes para correr y de qué forma el método natural les ayuda? En primer lugar tienen un problema de espacio. Lisses es un pequeño pueblo del extraradio en el que podemos imaginar con justicia un montón de casas unifamiliares cercadas, bloques bajos y alguna barriada pobre. Los espacios abiertos son escasos y están blindados por vallas, cercos y demás dispositivos que hacen de la carrera una carrera de obstáculos. En segundo lugar podríamos decir que tienen un problema de escena. El ayuntamiento, por las razones que sea, no ha desarrollado un modelo urbanístico que despliegue una escena para el juego. Podemos decir con justicia que nuestros jóvenes son jóvenes obscenos: huérfanos de la escena. Terrible impotencia, son cuerpos no normativos, sujetos no reconocidos políticamente en el espacio político por excelencia, la ciudad.

En términos generales el problema que se les plantea podría formularse del siguiente modo: ¿Cómo organizar la impotencia para que devenga potencia? Su respuesta se repliega sobre el cuerpo para conformar una corporalidad a partir de la relectura del Método Natural. De este extraño cruce entre un método de adiestramiento militar y unos jóvenes frustrados de Lisses surge un colectivo llamado Yamakasi que desarrolla una práctica: “l’art du déplacement”. Contrariamente a lo que se cree Yamakasi no procede del japonés, sino de lingala -una lengua congoleña- y lo podríamos traducir como “cuerpo fuerte, espíritu fuerte, persona fuerte”.

Ocho años después de este feliz encuentro el colectivo sufre una escisión. Dos de sus miembros, David Belle y Sébastien Foucan, se separan para desarrollar su propia visión de la práctica bajo la denominación de parkour -en el caso de David Belle- y Free Running -en el caso de Foucan-. En adelante la historia del arte del desplazamiento se ramificará y proliferan sus sucesivas capturas como disciplina, deporte y espectáculo. Capturas que tratan de forzar a esta práctica a un compromiso utilitario y mercantilista. Sin embargo, lo que aquí nos interesa es su dimensión como práctica y, de lo que trataremos de hablar a continuación es literalmente del parkour.

Un pensamiento del movimiento

Cuatro notas sobre la práctica…

1. Cultivar el movimiento

En nuestro planteamiento la comprensión del parkour no se reduce a una comprensión disciplinar cuya operación fundamental es la de conformar gestos, sino que se hunde literalmente en el movimiento. Un gesto es una determinada configuración que se puede reproducir de manera idéntica en cada situación. Un movimiento, en cambio, nos sirve para hacer frente a la pluralidad de configuraciones y obstáculos que encontramos en el mundo. Esto implica que, pese a que la práctica del parkour requiere una técnica, esta debe orientarse a proporcionar recursos que permitan hacer frente a las singularidades que presenta toda superficie.

2. Errancia

El cuerpo del traceur es un cuerpo errante: se desplaza sin adscribirse a un territorio o escena. La figura del trazador deviene así una figura de la desterritorialización que nos invita a explorar las potencias de un cuerpo errante, un cuerpo que encuentra su dirección en la confrontación con las consistencias del espacio y, desde ese diálogo con la materia, nos invita a cuestionar radicalmente nuestra actual representación del espacio -esto es, nuestra idea actual del espacio-. Una idea instituida sobre la mirada como órgano metafísico del saber que reduce el mundo a la representación y nuestra experiencia (de cualquier orden: estética, política, social) a la experiencia del espectador; y una idea instituida sobre la forma como órgano metafísico del poder que reduce el mundo a escenarios y nuestra condición a la figuración. No se trata tanto de negar las potencias de la mirada, como de abrirnos a las potencias que de tanto mirar hemos dejamos de ver. Y es que nuestra actual idea del espacio está radicalmente determinada por la relación mirada-poder-saber. De hecho toda nuestra epistemología es una epistemología de la mirada como construcción política del binomio poder-saber. La potencia del parkour radica justamente en que desplaza estas relaciones: de un cuerpo especular-contemplativo [el transeúnte] a un cuerpo táctico [el trazador], de la forma [los gestos y la escena]  al trazo [el movimiento y los espacios sin atribución].

3. No intencionalidad

Si nos aproximamos desde la fenomenología a la figura del trazador lo primero que tendríamos que preguntarnos es qué relación tiene el sujeto con el movimiento, el trazador con el trazo. Ante la imposibilidad ontológica de determinar una relación causal deberíamos inferir que trazo y trazador son el resultado de una misma manifestación no intencional. Esto implica un cuestionamiento y un cambio radical del cogito cartesiano y, por extensión, de la comprensión del movimiento y el espacio heredada de la modernidad. Tal como señala Michel Henry en Filosofía y fenomenología del cuerpo:  “Nuestro cuerpo sólo puede conocer el mundo porque es un cuerpo subjetivo, un cuerpo trascendental, y recíprocamente, este mundo del cuerpo es un mundo que es originalmente conocido por el cuerpo, es decir, sólo es conocido por nuestro movimiento”[1].

La práctica del parkour no tiene una pretensión determinada, es haciendose. En su falta original de cualquier pretensión radica su potencia. No en vano la idea de libertad-misma se basa en la falta de intención original estética, política o social. Como señala David Belle “el traceur no tiene territorio, el mundo es su patio de recreo”. Libre de cualquier adscripción al territorio el traceur vive agotando todas las posibilidades de un lugar sin tomar posesión del espacio. En este sentido, el traceur es un trazo sobre esta tierra que revela lo que esta tierra es. Errando no describe un territorio, deja una huella sin rastro. Si algo persiste no es UNA forma, sólo la memoria de que otra forma es posible. Como (in)define Hugues Bazin los trazadores son “abridores topográficos” que en su condición de extranjeros -cuerpos obscenos-, en su lengua extranjera nos descubren los límites de la nuestra.

4. Ser y durar

La premisa fundamental de la práctica del parkour es ser y durar. No por casualidad esta es también la premisa que el gran proyecto de la modernidad ha reservado a la arquitectura: ser y durar. Dos dimensiones que sintetizan perfectamente la voluntad de perpetuidad del poder en todas sus manifestaciones. Llegados a este punto lo interesante es preguntarse qué es aquello que perpetua el parkour. Si convenimos que el pakour es fundamentalmente un movimiento sin intención, lo que perpetua el parkour es justamente el movimiento. Desde aquí podemos afirmar que el parkour es un pensamiento del movimiento, un pensamiento que encuentra en su fragilidad la fuerza para desafiar a todo el proyecto de la modernidad. Si nos preguntamos, por ejemplo, qué categorías ha dejado de ser un trazador para ser lo que es -un trazo- tendríamos que convenir que un trazador ha dejado de ser simultánea o sucesivamente 1) espectador 2) ciudadano 3) humano, 4) doble-de-si, etc. Esta deserción de las categorías habituales que nos articulan en el espacio público convierten al trazador en un ovni en circulación. No es que sea un cuerpo extraterrestre, muy al contrario, es el mas terrestre de todos los cuerpos conocidos… los extraterrestres somos nosotros, nuestros cuerpos especulares y contemplativos suspendidos sobre la mirada. Nosotros, los espectadores, que miramos y nos olvidamos de aquello que mira a través de nosotros.

Horizontes de resistencia

“Pensar es siempre pensar contra…”

Contra la ciudad… los espacios sin atribución

Como decíamos, la filosofía parkour, es ante todo una forma de vivir en el espacio que desafía toda nuestra actual idea del espacio. Una idea limitante y fragmentada que, en el mejor de los casos, instituye escenas cuando no escenarios. Pero ¿qué es una escena y qué operaciones realiza? Una escena es un dimensión espacio-temporal definida por una función. Por ejemplo hablamos de la escena política, la escena económica, la escena del arte, etc. Esta función actúa como poder cerrando el juego de los posibles sobre una única dimensión de la realidad y, a la vez, rebaja el movimiento a la categoría de gesto. Lo que se juega en las escenas son gestos -así hablamos de un gesto político, un gesto económico, un gesto del arte- dentro de un repertorio limitado. Lo que está fuera de este pensamiento es justamente el movimiento tal como lo entendemos aquí.

El parkour, como manifestación de este nuevo pensamiento del movimiento, revela la ciudad como un inmenso parque tecnocrático en el que todos los espacios han sido reducidos a funciones y, por medio de la una planificación, se ha degradado el movimiento a una movilidad hiperregulada e uniforme.

Desde la prespectiva del traceur, en cambio, la ciudad se convierte en un lugar sin atribución. Su errancia nos demuestra que las paredes ya no son más barreras, sino puentes. Las formas ya no nos separan, se encuentran, se dan significado y se continúan en un mundo común.

Contra la forma… el trazo

Conformar: Procede del latín conformare y significa dar forma. Sus componenetes lexicos son con (convergencia, reunión) y forma (figura, imagen), más el sufijo -ar(usado para formar verbos).

La práctica del parkour no está orientada ni a la belleza ni a la conformidad con un modelo determinado. A un trazador le basta con perpetuar el trazo. Para ello solo necesita de una serie de técnicas que le permitan continuarse sobre la materia que atraviesa. No hace para la mirada -exhibición- ni para si -virtuosismo-, es un gerundio sostenido en movimiento. Si hay belleza, arte o forma en el parkour no se decreta, emana del propio movimiento. Su cuerpo, de hecho, es un movimiento que escapa a la mirada, una línea en fuga que denuncia todas las insuficiencias de la mirada: marcos, escenas, límites, bordes…

Si observamos nuestras ciudades salta a la vista que no están hechas para el movimiento, sino para la mirada ( y no cualquier mirada, una mirada entendida desde el poder). Todo en la ciudad se decreta a la mirada y a su capacidad de inferir, disociar, componer y descomponer formas a priori. Pero no hay forma sin trazo y esto es justamente lo que nos recuerda el trazador. Si lo continuamos en su lógica de la continuidad -el movimiento- podemos leer el espacio de una forma nueva que nos permite hacer una crítica radical a la hegemonía de la forma que, a su vez, se destila de la hegemonía integradora de la mirada. Esa mirada que instituye escenarios y ha hecho de este mundo su solo imperio. Por eso la labor más apremiante de nuestro tiempo es cuestionar las luces que iluminan esa mirada, las formas que naturaliza, los escenarios que instituye y los posibles que no nos deja vivir.

LA JOVENCITA: UNA LECTURA DE LA OBRA DE YUE MINJUN

Yue Minjun (Beijing, 1962) es uno de los artistas contemporáneos más controvertidos del nuevo arte Chino. Su trabajo suele relacionarse con el realismo cínico aunque naturalmente él rechaza toda etiqueta. No vamos a detenernos demasiado en los aspectos contextuales de China, pero si conviene señalar la emergencia de una ola politizadora que hace del arte chino uno de los espejos más interesantes de la contemporaneidad neoliberal.

El trabajo de Yue Minjun, como el de muchos artistas plásticos, se desarrolla sobre el concepto de serie. En algunos casos el concepto de serie responde más a las exigencias del mercado que a verdaderos compromisos estéticos. No es el caso de Yue Minjun, creo, pese a que su obra se cotiza muy bien en el mercado del arte. En cualquier caso aquí, lo que nos interesa, es analizar sus preceptos artísticos en relación a ciertos conceptos que comprometen esta investigación.

Imagen mosaico de la obra de Yue Minjun

[fig.1] Imagen mosaico de la obra de Yue Minjun

Lo primero que salta a la vista en su pintura es la persistencia de un cuerpo total. Un cuerpo clonificado que es el propio cuerpo del artista, un cuerpo que, de obra en obra, se nos presenta invariable bajo el signo de la carcajada. Yue Minjun estira la sonrisa china -como símbolo nacional- hasta lo grotesco -la carcajada- para devolvernos una imagen crítica y decepcionada de la sociedad china en particular, y de la contemporaneidad en general. Su trabajo es una revisión irónica e implacable de los universales. Este es el gesto político fundamental de la obra de Yeu Minjun que nos interesa subrayar en este análisis. Si el cuerpo -la imagen, la representación-de-si- se atrever a ergirse hasta esas alturas es solo para reirse de ello. La carcajada de Yeu Minjun no es la carcajada del poder, es la sonrisa del impoder, la risa de la potencia. Aquí conviene convocar el tierno testimonio que nos dejó Deleuze sobre la relación entre poder y potencia. Para Deleuze el poder siempre es triste, el poder -nos dice siguiendo a Spinoza- es el grado más bajo de la potencia…

Al margen de esta fascinante cuestión hemos convocado a Yue Minjun para hacer un pequeño esbozo de los preceptos que fundamentan su obra.

1. La persistencia en la obra de Yue Minjun

El primer aspecto de interés es la persistencia: el cuerpo de Yue Minjun es un cuerpo que persiste, un cuerpo que atraviesa la historia política y cultural para romperla. Un cuerpo, por lo demás, que deviene genérico a fuerza de repetirse , vaciándose así de todas las cuestiones privadas para ser un cuerpo público, común. Pasamos de la lógica de mi cuerpo (como en el caso de Angélica Liddel, por ejemplo) a la lógica de un cuerpo*. Un cuerpo que siempre es otro cuerpo.

*En este caso el artículo indeterminado un, se emplea como forma genérica de indeterminación y no como unidad: el uno.

2. La teatralidad en la obra de Yue Minjun

Como podemos ver claramente en la figura 2 la teatralidad es un efecto recurrente en muchas de sus obras. En este sentido el cuerpo de Yue Minjun siempre se aparece como el cuerpo del otro. La tensión entre lo que es y lo que parece se hace evidente para desmitificar y desarmar los lugares comunes de nuestra historia política y cultural. Hay pocos mitos que escapen a su mirada, una mirada que recorre transversalmente la historia y las formas del neoliberalismo occidental en China y fuera de China. De esta forma Minjun nos ofrece otra lectura de la corporalidad disciplinaria y la organización social. En algunos casos sus trabajos atraviesan lo siniestro -aquello cotidiano que se vuelve extraño- para banalizarlo. Esta extraña operación devuelve a la figura del bufón toda su potencia subversiva, una potencia que encuentra en la levedad y la intrascendencia la mejor herramienta para desarmar al poder.

[fig.2]

3. El concepto de historia en la obra de Yue Minjun

La obra de Yue Minjun es en muchos aspectos una reelectura de la historia del arte, de la organización social, y de las formas del poder que, lejos de esconder sus referentes trabaja con ellos. Es fácil, como en el caso de Aernouk Mik, encontrar el doble -la imagen referida o latente en el imaginario social-. Muchas de sus imágenes son lugares comunes, vagos universales de nuestra formación histórica, estética y política. En cierta medida podríamos decir que Minjun hace una genealogía crítica de la historia, la desarma ante nuestros ojos, la vuelve irremediablemente banal para proponer una reflexión sobre las formas y los discursos que hacen historia.

4. La masa en la obra de Yue Minjun

El retrato de la masa es recurrente en sus pinturas [ver fig.3] . Yue Minjun nos muestras así como lejos de desvanecerse con la apertura económica, la masa como fuerza productiva es asimilada por el neoliberalismo chino y, más en general, por los fenómenos globalizadores. Su crítica a este respecto no deja lugar a dudas.

Es interesante contraponer el fenómeno de la masa a la multitud que proponen Hardt y Negri. Mientras la masa opera como un bloque unitario que diluye las diferencias, la multitud se sirve justamente de esas diferencias para instituir una potencia múltiple, excéntrica e ingobernable. Una potencia sobre la que ya no gobierna la unidad (la igualación como mecanismo de poder), sino la variación (la singularidad como contrapoder).

[fig.3]

5. El poder en la obra de Yue Minjun

En la obra de Yue Minjun el poder siempre es el lugar referido, la figura que ocupa su cuerpo total, un cuerpo que – como hemos señalado- es su doble liberado: la potencia. Una potencia que, por un lado, se ríe a carcajadas de las vetustas formas del poder – liberándonos virtualmente de él- y, por otro, nos aventura su nuevo y abominable rostro: el poder como potencia. Aquí resulta ineludible referirnos a la nueva China que, con las faldas del capital, se identifica teológicamente como el nuevo dios omnipotente de nuestra época. En este sentido, la obra de Yue Minjun responde a la misma mecánica que la economía china: una expansión desaforada que no conoce límites. Este nivel de lectura es el que nos ofrece el conjunto de su obra, ese extenso mosaico que parece cubrir toda la extensión de lo visible.

6. La corporalidad en la obra de Yue Minjun

El cuerpo en Yue Minjun es tal cual el poder neoliberal. Es un cuerpo vacío, un cuerpo de contorsionista que no reconoce los límites de lo humano, sólo la soberbia de un capital que se cree con el derecho de ocupar todas las formas, todos los espacios, todos los tiempos. Como señala Tiqqun cuando habla de la Jovencita, la nueva fisionomía del capital sintetiza “la juventud y la feminidad hipostasiadas, abstractas y recodificadas como Juvenilitud y Feminitud elevadas al rango de ideales reguladores de la integración imperial-ciudadana”.[ver fig.4]

[fig.4] Fifteen Poses In Life: Pink

[fig.4] Fifteen Poses In Life: Pink

ENLACES:

  • Fogonazo genealógico

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¿DE QUÉ NOS HABLA LEWIS PAYNE HOY?

Ejecución de Lewis Payne, Mary Surratt, David Herold, y  George Atzerodt el 7 de julio de 1865 en Fort McNair (Washington, D.C.)

Ejecución de Lewis Payne, Mary Surratt, David Herold, y George Atzerodt el 7 de julio de 1865 en Fort McNair (Washington, D.C.)

¿Qué problema plantea Lewis Paine? Esa es la pregunta que me interesa abordar en este post. Para ello intentaré definir los bordes del problema y detectar si sigue vivo en nuestros días y, si es así, cómo sigue vivo en nuestros días. La primera pregunta sería, pues, ¿Qué problema plantea Lewis Payne?, la segunda ¿Todavía opera el problema que plantea Lewis Payne? y, finalmente, la tercera: ¿Cómo opera hoy el problema que plantea Lewis Payne? Aún podríamos hacer otra pregunta interesante – ¿Cómo habita(r) el problema Lewis Payne?-, pero eso lo dejaremos para otro post.

¿Qué problema plantea Lewis Payne?

Un condenado a muerte siempre nos remite al ejercicio del poder. El ejercicio del poder no es el poder mismo -algo que, por otra parte, no tiene sentido abordar-, sino la acción que configura un poder. La acción entendida como aquello que lo hace sensible y, a la vez, lo legitima. Esa acción, creo, es todo cuanto se puede decir sobre el poder. Es decir, no hay el poder y luego unas acciones del poder. Hay unas acciones y un reconocimiento en esas acciones de un poder. Lo que quiero decir es que hablar del poder es fundamentalmente hablar de la facultad de legislar y, más concretamente, de la jurisprudencia. Es decir del ejercicio práctico de la facultad de legislar: el poder no es fundamentalmente el que hace las leyes, el poder es el ejercicio o la acción que las hace sensibles. Las leyes, por si mismas, son poca cosa -palabras y palabras que configuran disposiciones y artículos…- pero su ejercicio es algo más: límites, sentencias, condenas que gestionan vidas, distribuyen cuerpos, desaprueban conductas, hombres, ideas, mundos… La pregunta, pues, de quién hace ese ejercicio no es aquí la cuestión principal. No se trata de identificar el poder como tal o cual, sino más bien de reconocer cómo opera un poder.

Dicho esto, podemos inducir que Lewis Payne nos habla del ejercicio del poder. Este ejercicio es tremendamente simple: absuelve o condena, reconoce o desaprueba, acredita o desacredita, privilegia o subordina, vivifica o extermina cuerpos, acciones, ideas y mundos posibles. Dicho de otra forma, el poder es aquello que determina los límites de lo aceptable y lo ignominioso, lo posible y lo imposible, lo que vive y lo que muere, lo que tiene derecho y lo que ya no lo tiene. El poder es así de simple, aunque sus mecanismos sean bastante mas complejos. De hecho no podría existir tal o cual poder si no se hubiera hecho un ejercicio sistemático y minucioso de simplificación del mundo. Esa es, a fin de cuentas, la posibilidad del juicio, una posibilidad que ciertos agentes históricos han querido vincular a la razón soberana, nacional o económica como aparato de verificación para justificar determinadas practicas de gobierno y tecnologías de cuerpo en función del bien común o social – esas vaguedades que llamamos estado o mercado o Kant, por ejemplo, son agenciamiento estructurales característicos de este tipo de pensamiento- …

Pero ciñamos a nuestro ejercicio de poder, un ejercicio que, además, en nuestra insólita civilización occidental está siempre montado sobre dicotomías. Así que, supongo, toca hablar de eso: dicotomías. Lewis Payne es la condición positiva de ese poder. Digo positiva porque es sobretodo en su negatividad dónde el poder encuentra la legitimidad para producirse y reproducirse como un virus del que nadie está a salvo.

Ejecución de Lewis Payne, Mary Surratt, David Herold, y  George Atzerodt el 7 de julio de 1865 en Fort McNair (Washington, D.C.)

Cadáver de Lewis Payne

El caso de Lewis Payne pone sobre la mesa el ejercicio del poder, la condena y la finitud. Lewis Payne, lo ilustra la fotografía, fue ejecutado. He ahí la finitud, el tercer elemento que me gustaría abordar en este análisis. Si situamos esta imagen en el eje cronológico de la historia estaríamos en una falla entre lo que Foucault llama el régimen soberano y el régimen disciplinario, regímenes ambos previos al régimen neoliberal en el que se inscriben nuestra contemporaneidad.

¿Todavía opera el problema que plantea Lewis Payne?

Finales de junio de 1865, la guerra de Secesión Americana que ha enfrentado a los estados del norte liderados por Lincoln contra los estados confederados del sur está próxima a su fin. Lo que está en juego, tal como indica D.W. Griffith en su estupenda película, es “El nacimiento de una nación” [fig.3]. Un norte industrializado y un sur agrario y esclavista. Dos regímenes en disputa, el soberano y el disciplinario, dos maneras de concebir el mundo…

En el régimen soberano el ejercicio del poder es un ejercicio claramente coercitivo y limitante, un ejercicio directo sobre el cuerpo del condenado, un poder ilimitado sobre la vida que se arroga la muerte -la finitud- como condena, la teología como aparato de verificación -un cuerpo esclavo de la divinidad y sus ilustres representantes- y el castigo como espectáculo ejemplarizante. El poder encuentra pues su rostro -su representación- en el castigo físico y la erradicación de todo rostro otro. Esa es la gran tradición de la que Poncio Pilatos participa con la crucifixión de Jesús de Nazaret en el año 0 de nuestra calendarización actual [fig.4]. Aunque no es el objetivo aquí, es interesante detenerse un momento ante la potencia revolucionaria que tuvieron las sucesivas representaciones del cuerpo crucificado de Jesús de Nazarte si entendemos ese cuerpo como síntesis y símbolo del cuerpo de los oprimidos. Pero es mucho más interesante, por ejemplo, ver que tipo de lectura, poco a poco, decanta de esa imagen la institución que lo continua en la tierra -la afamada iglesia católica- y cómo, por ejemplo, sobre esa imagen sangrante instituye un poder basado en el dolor, la resignación y el suplicio en la tierra. Cómo le da la vuelta a la imagen, cierra sus sentidos y nos ofrece UNA lectura impotente.

Si el régimen soberano construye su rostro sobre el cuerpo del condenado como objeto predilecto de castigo, el régimen disciplinario encuentra su rostro -de nuevo entendemos su representación- en el confinamiento de todo rostro otro gracias una serie de categorías de desviación que producen y reproducen una idea normativa de normalidad. Su acción se basa en la organización social del territorio y los cuerpo, es un poder que ordena, crea temporalidades y espacialidades, un poder que -como indica Foucualt- abandona el cuerpo del condenado como objeto predilecto de castigo para castigar la representación misma, su imagen. Es decir, la forma concreta en que ese individuo es representado ante la sociedad.

El concepto de soberanía ya no radica en un individuo privilegiado e identificable -el rey, el príncipe, el sacerdote…- sino en un cuerpo social que garantiza unos derechos y al mismo tiempo exige unos deberes. Este gran pacto social sobre el que se instituye la soberanía nacional de los estados modernos perfila lenta pero inexorablemente un concepto de normalidad y tipifica una serie de desviaciones. Las prácticas punitivas tienden a una individualización de las condenas y los castigos, rechazan el suplicio y la acción directa sobre el cuerpo, para decantarse por una vigilancia y categorización muy minuciosa de las conductas y los individuos.

Como nos indica Foucault: “el arte de castigar en el régimen del poder disciplinario no tiende ni a la expiación ni aun exactamente a la represión”. Utiliza estas tácticas: “referir los actos, establecer comparaciones, diferenciar a los individuos, definir que es lo anormal y que lo normal. La penalidad perfecta que atraviesa todos los puntos, y controla todos los instantes de las instituciones disciplinarias, compara, diferencia, jerarquiza, homogeniza, excluye. En una palabra, normaliza.”

Hay que entender que el funcionamiento de estos regímenes no es sucesivo, sino que admite perfectamente simultaneidades y, además, es acumulativo. Con lo cual no es de extrañar que nos encontremos en situaciones en las que estas operaciones de poder se den de forma amalgamada. No obstante, he articulado el discurso de forma lineal en relación al concepto de hegemonía para establecer paradigmas. Siguiendo el hilo de este relato toca hablar del régimen neoliberal, admitiendo repito, que su existencia no cancela la convivencia con dispositivos propios de los regímenes soberanos y disciplinarios. Por tanto, la respuesta a la pregunta de si todavía opera el problema que plantea Lewis Payne es afirmativa: Todavía opera el problema que plantea Lewis Payne y aunque el poder, como hemos dicho, es muy simple sus mecanismos son cada vez más sofisticados.

Evidentemente esta pregunta -que es una interrogación plana- carecería de cualquier interés sino no nos condujera a una pregunta que si constituye un verdadero problema: ¿Cómo opera el poder neoliberal en hoy?

Empecemos por la primera cuestión. ¿Qué ha cambiado para que hablemos de un régimen neoliberal? Principalmente las bases y el agente que regula el pacto social. Si en el régimen del poder disciplinario el aparato de verificación -aquello da la condición de verdad a ese pacto- es científico-jurídico y la forma de gobierno corresponde al estado y todo su entramado de institucionales disciplinarias, en el nuevo régimen del poder neoliberal el aparato de verificación es fundamentalmente económico mercantil y el nuevo agente que garantiza la gobernabilidad es el mercado. Si antes era la idea de un estado [una determinada proyección del cuerpo social que garantizaba, en nuestro contexto europeo-occidental, unos mínimos de bienestar herencia directa de visión humanista e ilustrada del mundo] , ahora es la idea del mercado [una determinada proyección del cuerpo social definida por los criterios de productividad y rentabilidad herencia directa del pensamiento liberal] la que rige todas las manifestaciones e relaciones humanas.

En un sistema, si cambia un elemento, esto exige la reordenación del resto en función de ese cambio. Hasta ahora hemos hablado del aparato de verificación que, como hemos dicho, en este nuevo orden pasa a ser económico mercantil, y del nuevo agente omnipresente, el mercado. ¿Cómo afecta esto a las prácticas de gobierno? Si el régimen disciplinario, ya lo hemos señalado, el estado nación actúa sobre el territorio, el tiempo y los cuerpos por medio de la disciplina, el régimen neoliberal lo hace directamente sobre el plano inmaterial, es decir, construye subjetividades (públicos, ciudadanos, consumidores, prosumidores, etc). Esto exige, sin duda, un desarrollo más:

Cuando señalábamos el poder disciplinario hemos dicho que su principal operación era la ordenación de especialidades, temporalidades y corporalidades por medio de una retícula de instituciones y saberes tecnocientíficos que articulan categorías -sistemas de representación- que, a su vez, determinan el campo de lo posible. Menuda frasecita. ¿Esto que quiere decir? Tal vez sea interesante dedicar un pequeño excurso a la disciplina.

¿Cual es la operación fundamental de la disciplina? Principalmente una disciplina define cada una de las relaciones que el sujeto debe mantener con el objeto que manipula. Son técnicas que han adquirido un grado de desarrollo y codificación tal que nos permiten entenderlas de forma autónoma -en sí- como lenguajes -en el campo de las artes- o campos de conocimiento -en el ámbito general-. Por eso decimos que el ballet o la interpretación son disciplinas o lenguajes. Mi intención aquí no es, ni mucho menos, demonizar las disciplinas pero si el hecho de que pasen a ser fórmulas generales de dominación. Hecho que sucede justamente con el advenimiento del régimen del poder disciplinario. Lo hegemónico es la máquina, la técnica [fig.5].

[fig.5] Pocos como Charles Chaplin lo supuieron retratar con tanta ironia

¿Qué quiere decir entonces que, en el régimen del poder neoliberal, se opera directamente sobre la subjetividad? Quiere decir que el entramado de mecanismos y dispositivos por los que fluye el poder neoliberal -un poder microscópico y capilar- se ha sofisticado hasta tal punto que ya no sólo articula materialidad (espacios, tiempos, cuerpos) sino que directamente constituye la inmaterialidad del sujeto, el sujeto-en-si. La identificación entre neoliberalismo y realidad es absoluta: nos quedamos sin afuera, ya no hay más mundos que este mundo del capital. Esta es la obviedad, la tautología que cierra la realidad y, con ella, nos cierra a nosotros. Y ahora conviene deslizar uno de los conceptos centrales de este análisis: la condena.

La operación fundamental del régimen en el poder neoliberal es justamente pasar de la materialidad a la metafísica y, mas concretamente, a la ontología. Por ejemplo, hoy el poder ya no fabrica soldados, fabrica directamente el ser-soldado. Si en el régimen disciplinario las tecnologías de cuerpo pasan por definir el conjunto de relaciones que el sujeto debe mantener con el objeto, hoy directamente -en el mejor de los casos- nos vende la vida para que conformemos nuestra subjetividad cuando no la conforman directamente. Por seguir con nuestro ejemplo… Supongamos que Lewis Payne está vivo -ya sé que es mucho suponer-, pero está vivo y, además, quiere ser soldado del ejercito español. ¿Qué creéis que le ofrecería el ejercito? En el video se hallan gran parte de las respuestas.[fig.6]

[fig.6]Simulador de vida de las fuerzas armadas españolas

 ¿Cómo opera hoy el problema que plantea Lewis Payne?

Hasta ahora hemos hablado sesgadamente, con ayuda de Foucault, de la forma y la evolución del castigo. En adelante propongo la condena como categoría global que permite dar cuenta de la dimensión metafísica del poder neoliberal, esa dimensión que al identificarse con la realidad cancela el juego de los posibles, cierra la realidad en una tautología -esto es lo que hay- y, a nosotros, en una condición ontológica: el-ser-condenado.

A grandes rasgos esta es la tesis a la que quería llegar. ¿Qué es el-ser-condenado? En primer lugar es una categoría ontológica. No es estar condenado como Lewis Payne por su participación en la Lincoln Assassination Conspirators, es el-ser-condenado. ¿En qué consiste eso de el-ser-condenado? Consiste en el cierre del juego de los posibles bajo el régimen del poder neoliberal. ¿Estoy hablando de libertad? En absoluto, la libertad es algo intrascendente aquí porque no está dentro de la especificidad del problema tal y como lo quiero plantear. Más bien me estoy refiriendo a la (in)capacidad de emancipación del sujeto contemporáneo. ¿Por dónde pasa eso?

Hasta nuestros días -esto lo explica muy bien Rancière- la emancipación pasa por ficciones políticas que interrumpen el orden de lo que hay creando un nuevo personaje colectivo -sujetos de emancipación como el hombre o el ciudadano- que produce una nueva realidad: hacen ver de otra manera lo que ya se veía y modifican lo que se puede decir, hacer o pensar sobre la realidad interrumpiendo el orden de las clasificaciones, las designaciones y las identidades. En fin, crean otro orden de clasificaciones, designaciones e identidades que, con el tiempo, es asumido y naturalizado por todos.

Esta es una visión puramente dialéctica de la historia en la que la síntesis es un mundo mejor a partir de lo que ya había y lo que se quiere crear. En mi opinión esto no es posible a día de hoy y, a decir verdad, tampoco lo deseo. Merecería demasiadas líneas explicar las razones que bloquean el proceso dialéctico. Basta decir que nos sostenemos en el “No nos representan”, que nos suspendemos en el fin de la historia y que abdicamos de cualquier mundo otro porque lo que no nos interesa es la promesa de UN mundo mejor. Sencillamente no queremos UN mundo. Y además, creo, ya no podemos UN mundo. No me voy a detener en esto porque, al fin y al cabo, lo que me interesa plantear es la naturaleza positiva de la condena. [fig. 5]

Pressentiment lanzado por el colectivo Espai en Blanc en 2012

Si, como señala la imagen, cancelamos el futuro en las llamas de este presente cerrado… ¿qué nos queda? Tal vez esta realidad tautológica del capital, esta condición de el-ser-condenado cuya primera expresión es la impotencia. Tal vez persistir en la impotencia -la expresión negativa de la condena- sea hoy el ejercicio para desarmarnos como poder.

Ahora si creo que estoy en condiciones de plantear el problema que me interesa abordar:

¿Cómo organizar la impotencia para que devenga potencia? o ¿Cómo ver la potencia en el corazón de la impotencia? Esta pregunta es más o menos la que planteaba al comienzo del post bajo la fórmula: ¿Cómo habita(/r) el problema Lewis Payne?

UN CONDENADO A MUERTE SE PREPARA…

El disparador de toda esta reflexión es una imagen. Esta imagen.

Cub. Espectador.inddLewis Payne, 1857 (Alexander Gardner)

En ella vemos a un joven esposado, apoyado en la pared. Lo primero que llama la atención de la fotografía es su actitud, una actitud insólita en su época, 1857, apenas dos décadas después de la aparición del primer daguerrotipo. En la mayor parte de retratos de la época se nos muestra una corporalidad consciente y construida, una corporalidad que adopta una pose, que arroja una imagen al mundo, una corporalidad que se representa a si misma. Lewis Payne -así se llama este joven-,en cambio, parece del todo ageno al fotógrafo, al acontecimiento -así era percibido en la época lo que hoy es cotidiano- de la fotografía.

Lewis Payne, nuestro joven, parece ajeno al objetivo, al ojo del fotógrafo y finalmente, al ojo de la historia. En el resto de retratos que se presentan aquí podemos percibir una construcción, una representación situada de un cierto poder, un estatus, una condición que se ofrece a la historia, al tiempo. Ese -probablemente por la influencia pictórica- es el espectador predilecto de la época.

Pero volvamos a Lewis Payne, nuestro bello y esposado joven, que -tal vez por sus ropas, por la indefinición del espacio- es quién más directamente llega a nuestros días. No me extrañaría, por ejemplo, encontrarlo en una revista de moda. Sin embargo, las circunstancias de Lewis Payne en el momento en que Gadner lo señalaba con el objetivo de la cámara era bien distintas. Este joven es el primer condenado a muerte fotografíado en la historia. Fue condenado en 1856 por conspiración, traición e intento de asesinato del secretario de estado William H. Seward en el proceso de la Lincoln Assassination Conspirators durante la Guerra de Secesión Americana. Es esta condición, la del condenado a muerte, la que me interesa subrayar en este análisis.

No podemos saber el grado de preparación de la fotografía, si fue casual o no el emplezamiento o que decisiones tomó el fotógrafo respecto a los aspectos estéticos de la fotografía. Lo que sí podemos saber, de lo que sí tenemos una certeza inconstestable, es de que Lewis Payne sabía que no iba a ver su imagen nunca. Lewis Payne no posó, no se representó -ante la historia y ante nuestros ojos- porque sabía que no iba a ver su imagen nunca. Este hecho tal vez pueda ayudarnos a comprender su corporalidad, la imagen que deconstruye de si mismo, su larga mirada perdida en hilo de la historia, su abatimiento, su absoluto abandono, la exterioridad que proyecta el cuadro completo. Y aquí es donde la fintud -la muerte- nos comparte y nos devuelve la dimensión común del mundo sobre cualquier individualidad.

Hoy es frecuente encontrar en revistas o en nuestros propios albumes familiares fotográficos corporalidades similares a la de Lewis Payne. El espectro de la fotografía prácticamente cubre todo el campo de la existencia, incluso esa intimidad que, como señala Deleuze, “es un pliegue de la exterioridad”. Es por eso, tal vez, que la imagen del condenado a muerte Lewis Payne nos resulta familiar y reconocible.

Y es que lo más interesante de esta imagen, la guía que nos puede ayudar a descifrar el mundo que construye, es justamente lo que está imagen no declara: Lewis Payne no es cualquier joven, Lewis Payne es un condenado a muerte. La condena, aquí, más allá del orden jurídico, más allá del régimen disciplinario, más allá de la configuración del poder que desvela, puede ser interpretada en clave existencial. Es en este punto, la imposición/asunción de la finitud, dónde me resulta interesante respecto a nuestra contemporaneidad. Y más concretamente, me interesa como esa sobredeterminación -la muerte- se relaciona con la representación, con  el cuerpo, con la imagen. La muerte entendida como la primera condición política que nos comparte. Y la representación, entendida, como la primera circunstancia política que nos separa.

Mi interés, por tanto, no está tanto en esta imagen, en la situación que dibuja, sino en sus contornos, en su contemporaneidad, o más concretamente en su “equivalencia” al presente histórico: ¿Qué tiene que ver conmigo y con el impasse político que atravesamos esta imagen? ¿De qué nos habla hoy esta imagen? ¿Hay alguna condena en el presente histórico? ¿Qué subjetividades dibuja la condena del presente histórico? ¿Dónde encontrar figuras de equivalencia al condenado Lewis Payne? ¿Qué es estar condenado hoy? ¿Por dónde pasa el dispositivo condena hoy? ¿Cómo se articulan las relaciones entre cuerpo, poder y verdad en el régimen del control?, etc. Son algunas de las preguntas que quiero levantar a riesgo de quedar aplastado. En el fondo, late una inquietud, una pregunta: ¿Nos ha deborado la imagen? ¿Qué pasa cuando la imagen deja de representar? ¿Qué potencias esconde la imagen? ¿Cómo trabajar la imagen hoy?

Con esto quiero aclarar que mi análisis de la imagen no se centrará tanto en su dimensión dramática (situacional), como en su dimensión dialéctica: ¿Cómo habla esta imagen con las imágenes de mi presente? ¿Qué hay entre las imágenes? Al menos, en esta primera fase del trabajo quiero centrarme en el análisis de los paradigmas que presentan las imágenes. Ponerlos en combate o contraste para definir ¿qué es lo que es la imagen de Lewis Payne hoy?. Desde luego, otra cosa… ¿pero qué?

Un paradigma no es exactamente un arquetipo, creo, en el sentido de que busca un común esencial o compartible pero lo considera respecto a un contexto histórico. El arquetipo, para mi, recorre la historia, el paradigma la rompe. Como considero la historia en sus discontinuidades (sin negar sus pliegues o simultaneidades) presupongo un cambio de paradigma entre el tiempo de Lewis Payne y el mío. Mi primer objeto de estudio, es pues, este cambio. Afortunadamente Foucault, Agamben, Tiqqun, Deleuze, Derrida y toda la troupe de pensadores franceses me prestarán aquí las herramientas críticas de análisis para que el eco de Lewis Payne llegue a nuestro presente. Lo que me interesa es darle plasticidad a la imagen –animarla, no encarnarla (todavía)- para que se transfigure en una imagen otra.